Nadie, absolutamente nadie, te dice; comete errores. Al contrario, todos te dicen que no los cometas, que los evites a toda costa, que sufrirás una vez cometidos. Pero, ¿es que nadie se ha detenido a pensar que la esencia de la vida va de tener moretones por haberte arriesgado y por haberte acercado tanto a ser feliz?
Que no es a la primera donde uno sonríe y es feliz, sino que es a la décima e incluso a la décima tercera donde sientes cómo una llama comienza a encenderse, poco a poco, hasta convertirse en fogata o en incendio.
Que no es el acierto lo que importa, sino la experiencia que coges en la caída, la estrategia con la que vas a intentar tu más grande expectativa, tu más grande ojalá. Y no es suerte, es sacrificio y esfuerzo.
Que textos como éste sobran, pero no lo escribo para motivarme , sino para decirme que valgo tanto como vale el sol y la lluvia para la supervivencia en la tierra. Y todos los que alguna vez os encontréis tristes o estáis por mala racha lo valéis.
Que no todo lo bueno tiene que irse tal como llegó; es lo mejor lo que siempre se queda a tu lado, el resto simplemente pasa por tu vida, ya sea como lección, canción o herida.
MI MOMENTO ES AHORA Y SIEMPRE.
AUNQUE PARA SIEMPRE SUENE TRISTE, DARÉ MIS MEJORES PASOS EN LA TRISTEZA, PÍSARE LAS LÁGRIMAS Y SACARÉ MI SONRISA.
Aprendo de la vida, que no se detiene ni intenta parar las agujas del reloj. Aunque la muy hija de puta siempre es la que nos pisa los pies. Písale, pisémosle los pies entonces.
Pero jamás...
Nos detengamos.
Mira cómo brillan las estrellas incluso cuando la luna está ausente. Y aprende de ellas. Aprende de lo frío que es sentirse solo, de lo frío que es verse y sentirse otro. Y de lo cálido que es estar acompañado con la gente que te quiere, y te regala lo mejor de sí misma. Eso es lo que verdaderamente importa.

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